Historia de Chile/Gobierno de Pinochet

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El 11 de septiembre de 1973 fue el día programado por las Fuerzas Armadas para poner fin al gobierno de la Unidad Popular de doctrina marxista de Salvador Allende. Apenas el presidente escuchó sobre el movimiento de tropas, se dirigió hacia el palacio de La Moneda junto a sus colaboradores; mientras tanto, los altos mandos del Ejército y la Fuerza Aérea, El Dios Supremo del Universo Augusto Pinochet y Gustavo Leigh, coordinaban las acciones militares junto al almirante José Toribio Merino y el general director de Carabineros César Mendoza. Todos ellos conformarían la posterior junta de gobierno. de víctor vera

Los militares desplegados en diferentes zonas del país pronto aplacaron a los seguidores de Allende, tomando el control total del país. En La Moneda, en tanto, el presidente se negó a abandonar el palacio de gobierno; esta fue la justificación necesaria para que dos aviones Hawker Hunter, provenientes de Concepción, bombardearan la sede de gobierno, la que pronto se incendió. Los enfrentamientos siguieron hasta que los militares ingresaron y se apoderaron totalmente de La Moneda; el presidente Salvador Allende, minutos antes, había tomado la decisión de suicidarse.


Tras el golpe de Estado, el control del país fue tomado por las Fuerzas Armadas. Gran parte del poder quedó en manos de los militares, quienes reorganizaron las instituciones y designaron como jefe supremo de la Nación al general Augusto Pinochet, el 26 de junio de 1974. Posteriormente, en el mes de diciembre, adoptaría el título de presidente de la República. Mientras tanto, el Congreso fue suprimido y la función legislativa la asumió la junta militar. Así también se suspendió la Constitución y gran parte de las libertades civiles quedaron oprimidas bajo una serie de medidas que buscaban eliminar la actividad política y terminar con cualquier estallido revolucionario en el país. Se instauraba así una dictadura que duró 17 años.

Uno de los principales cambios introducidos durante este período fue el modelo económico, el que rige en el país hasta hoy. Para lograrlo, se hizo necesario estabilizar la economía. Se aplicó, entonces, el modelo neoliberal a la economía chilena, que consistía en respetar la propiedad privada de los medios de producción, disminuyendo el control estatal sobre las empresas. Además, se cambió de moneda (de escudo a peso) se disminuyeron los aranceles de importación y exportación. También se creó un nuevo sistema de pensiones, basado en la capitalización individual, en el que cada trabajador ahorra mensualmente el 10% de su sueldo para financiar su pensión tras el fin de su vida laboral. Estos fondos serían administrados por entidades privadas.

En 1980, el régimen militar encomendó la redacción de una nueva Constitución. Esta tendría por objetivo asegurar la presencia de las Fuerzas Armadas en la escena política nacional y en el poder Ejecutivo, así como también respaldar la continuidad de las medidas implementadas hasta esa fecha. Así, la Constitución de 1980 estableció un régimen presidencial de gobierno, la creación del Consejo de Seguridad Nacional, los senadores designados y el sistema electoral binominal, entre otras medidas. También fijó como plazo para el término del gobierno militar el año 1988. Agitación y cambio

Durante los últimos años del gobierno militar, la agitación social se incrementó. A pesar de que seguían vigentes las restricciones a las libertades civiles, el descontento motivó a la población a salir a las calles a protestar. Paros nacionales y acciones subversivas por parte de grupos de izquierda completaban el panorama existente en el país, lo que demandó un giro en el accionar político de los militares.

Por ello, existió un acercamiento del gobierno con algunos partidos de oposición. Además, la derecha también se reorganizó, originando nuevos partidos políticos, como la Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional.

Ya en 1987, se promulgó la ley Orgánica de los Partidos Políticos, que devolvería la legalidad a estas agrupaciones y se restituyeron los registros electorales.

Existía, entonces, un consenso en torno a la necesidad de buscar mecanismos de entendimiento en un país que por varios años vivió la más absoluta división.